Rebelión contra las redes sociales



Redes Sociales

Sean Parker siempre fue un tipo polémico. No en vano fue el creador de Napster, la plataforma de descargas que segó los tobillos de la industria discográfica en los años noventa. Cuando el pasado 8 de noviembre tomó la palabra en un acto de la firma Axios en Filadelfia para decir que se arrepentía de haber impulsado Facebook, echó un tronco más al fuego que viene quemando las redes sociales en 2017, su particular annus horribilis. Al fin y al cabo, él fue en 2004 el primer presidente de la plataforma que comanda Mark Zuckerberg. Explicó que para conseguir que la gente permaneciera mucho tiempo en la red, había que generar descargas de dopamina, pequeños instantes de felicidad; y que éstas vendrían de la mano de los me gusta de los amigos. “Eso explota una vulnerabilidad de la psicología humana”, afirmó. “Los inventores de esto, tanto yo, como Mark [Zuckerberg], como Kevin Systrom [Instagram] y toda esa gente, lo sabíamos. A pesar de ello, lo hicimos”.

Parker se declaró ese día objetor de las redes sociales. Culminó su intervención con una frase inquietante: “Solo Dios sabe lo que se está haciendo con el cerebro de los niños”.

Hubo un tiempo en el que al que renegaba de estas plataformas se le tachaba por defecto de resistente al cambio, de viejuno. Ese tiempo pasó. Una auténtica tormenta se está desatando en torno al papel que desempeñan las redes sociales en nuestra sociedad. Y son grandes popes de Silicon Valley los que han empezado a alzar la voz. Se acusa a Facebook y Twitter de haberse convertido en espacios que crispan el debate y lo contaminan con información falsa. Circula ya la idea de que hay que deshabituarse en el uso de unas plataformas diseñadas para que pasemos el máximo tiempo posible en ellas, que crean adicción; las redes (combinadas con el móvil) como invento contaminante, adictivo, el nuevo tabaco. Un problema de salud pública. Un problema de salud democrática.

El grupo de arrepentidos de las redes se ha ido nutriendo en los últimos meses. El pasado 12 de diciembre, un exvicepresidente de Facebook, Chamath Palihapitiya, aseguraba que las redes están “desgarrando” el tejido social. “Los ciclos de retroalimentación a corto plazo impulsados por la dopamina que hemos creado están destruyendo el funcionamiento de la sociedad”, declaró en un foro de la Escuela de Negocios Stanford. El 23 de enero, Tim Cook, consejero delegado de la todopoderosa Apple, afirmaba que no quería que su sobrino de 12 años tuviera acceso a las redes sociales. El 7 de febrero, el actor Jim Carrey vendía sus acciones de la plataforma y animaba a boicotear Facebook por su pasividad ante la interferencia rusa en las elecciones.

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La percepción que tenemos de las redes ha mutado. Nacieron como un instrumento para conectar con amigos y compartir ideas. Paliaban el supuesto aislamiento que generaba Internet. Se convirtieron en una fuerza democratizadora al calor de la primavera árabe. Parecían una herramienta perfecta para el cambio social, empoderaban al ciudadano. “Daban voz a los que no tenían voz”, recalca en conversación telefónica desde Reino Unido Emily Taylor, ejecutiva del Oxford Information Labs que lleva 15 años trabajando en asuntos de gobernanza en la Red. “En tan solo siete años, todo ha cambiado. Preocupan esas campañas políticas de anuncios dirigidas a alterar los procesos electorales”.

Si Facebook te filtra la información, al final solo te muestra una visión de los hechos, te radicalizas”, dice la investigadora Mari Luz Congosto

El paso por las urnas del Brexit y la elección de Donald Trump son dos de los fenómenos que empujaron a todo el mundo a hacerse preguntas: ¿cómo nadie lo vio llegar?. La respuesta, en parte, se buscó y se encontró en las redes.

Facebook fue citada en octubre por el Comité de Justicia del Congreso norteamericano para explicar su papel en la interferencia rusa en las elecciones en EE UU en 2016. Admitió que 126 millones de personas habían podido acceder a contenidos generados por unos supuestos agentes rusos (la Internet Research Agency), que también colgaron cerca de un millar de vídeos en YouTube y 131.000 mensajes en Twitter. Entre todas esas noticias basura se deslizaban historias delirantes como la de que Hillary Clinton había vendido armas al ISIS.

CRISPACIÓN

Un estudio de Pew Research publicado en octubre de 2016 señala que el 49% de los usuarios norteamericanos consideran que las conversaciones políticas en las redes sociales son más furiosas que en la vida real. Contribuyen a la crispación.

“En Twitter”, dice la investigadora Mari Luz Congosto, “el tono es muy áspero en los últimos dos años. Se ha incrementado el tono agrio, antes era más jocoso. Los mensajes se han vuelto más duros”.

Desde las redes se arguye que eso es algo imputable a los humanos, no al vehículo que las transmite.

Y desde Twitter recuerdan que las redes están sujetas a la ley y la legislación europea y que, por ejemplo, una evaluación independiente de la Comisión Europea apunta que, de media, las compañías tecnológicas han retirado el 70% de los discursos de odio ilegales que les fueron notificados.

Pero esta no ha sido la única polémica. Las redes han estado en el foco por la compra de seguidores ficticios por parte de influencers; por los linchamientos públicos de personas que son denunciadas en las redes y quedan condenadas al ostracismo sin juicio mediante; por siniestros episodios como crímenes emitidos en directo. Y en Myanmar, Facebook ha vivido uno de sus peores episodios: el año pasado fue acusada de convertirse en el vector fundamental de la propaganda contra la minoría rohingya, víctima de un genocidio. Annus horribilis.

Un reportaje de investigaciónpublicado la semana pasada por la revista Wired pone de manifiesto el infierno interno que la organización ha vivido en los últimos dos años. La tensión sobre qué hacer una vez embarcados en lo que era una realidad — su condición de vehículo informativo global—, las dispu­tas sobre cómo enfrentar la avalancha de noticias falsas y la crispación que inundaba sus páginas ha segado el optimismo reinante, incluido el del propio Zuckerberg.

Es un hecho. Facebook es la plataforma líder en redirigir a los lectores hacia contenidos informativos desde mediados de 2015, cuando superó en esto a Google. Más de 2.130 millones de personas forman parte de su comunidad. Hay 332 millones en Twitter. Dos tercios de los adultos norteamericanos (el 67%) declaran que se informan vía redes sociales, según un estudio de agosto de 2017 realizado por el Pew Research Centre.

Facebook no crea contenidos, pero sí los ordena. Primero decidió llevar a cabo una labor editorial con un equipo de periodistas que elegían las noticias más populares. Después, tras varios escándalos durante la campaña, apostaron por los algoritmos, delegaron en la máquina. El tiro les ha salido por la culata.

El problema es el modelo de negocio. Así lo señala Emily Taylor. El usuario acepta ceder datos a cambio de un servicio gratuito. Los algoritmos usan esa información para determinar los intereses del usuario. Las firmas publicitarias pagan por ello. “No solo se extraen datos de lo que se cuelga públicamente”, precisa Taylor, “sino también de la localización, de los mensajes privados”. Cuanto más tiempo pasamos en la plataforma, más datos se pueden extraer. Una noticia chocante, sensacionalista, incluso inverosímil, llama más a la lectura que un sosegado y equilibrado análisis. Una deriva que afecta tanto a las redes como a los medios de comunicación tradicionales.

Facebook no crea contenidos, pero sí los ordena. Primero decidió llevar a cabo una labor editorial con un equipo de periodistas que elegían las noticias más populares

Luego está la cuestión del algoritmo. El usuario de una plataforma como Facebook no ve todo lo que publican sus amigos. Ve lo que la máquina elige conforme a una fórmula que Facebook no revela. “Te muestra lo que quiere el algoritmo, no sabemos con qué objetivo, si perverso o no”, dice Mari Luz Congosto, experta en redes e investigadora del grupo de telemática de la Universidad Carlos III. “Pierdes una parte de tu libertad y la plataforma hace negocio con eso. Manipula lo que la gente lee, marca el camino”.

Y el problema es que el algoritmo manda cada vez más. Hemos pasado de un Internet al que se accedía mediante ordenadores, en los que uno buscaba, exploraba, a uno al que se llega mediante aplicaciones instaladas en el móvil. Algo que sucede, sobre todo, con toda una generación de jóvenes que vivendentro de su teléfono. Y que ocurre en países pobres con mucho teléfono y poco ordenador. “Internet llega a ti mediante un algoritmo, no eres tú el que vas a buscar algo a Internet”, asegura en conversación telefónica desde Bogotá la abogada y activista digital guatemalteca Renata Ávila, asesora legal de derechos digitales de la World Wide Web Foundation, organización presidido por Tim Berners-Lee, el inventor de la world wide web. Y recurre a una metáfora: “Antes operábamos en la calle, el mundo era nuestro, entrabamos y salíamos de los edificios. Ahora estamos encerrados en un centro comercial con reglas estrictas que solo buscan maximizar el modelo de negocio”.

“Internet llega a ti mediante un algoritmo, no eres tú el que vas a buscar algo a Internet”, asegura la abogada y activista digital guatemalteca Renata Ávila

Para Ávila, el problema no es exclusivo de Facebook, ni mucho menos. Todas las plataformas funcionan igual: “El problema es la arquitectura del móvil, de las apps. El modelo de negocio”.

A todo ello hay que añadir el efecto burbuja. El usuario lee lo que le mandan sus amigos y la gente que le es afín ideológicamente: un estudio publicado en la revista científica norteamericana PNAS y que analizó 376 millones de interacciones entre usuarios de Facebook concluyó que la gente tiende a buscar información alineada con sus ideas políticas. “Si Facebook te filtra la información”, opina la investigadora de redes Mari Luz Congosto, “al final solo te muestra una visión de los hechos, te la refuerza y, por tanto, te radicalizas”.

El modelo de negocio también está detrás del problema de la adicción a las redes, diseñadas para enganchar al usuario. Algún día puede que tengan que responder por ello, como lo tuvo que hacer la industria del tabaco.

Personas esclavizadas por su perfil, por la imagen que deben dar a sus seguidores; chicas que con el paso del tiempo se fotografían cada vez con menos ropa en Instagram para conseguir más likes; adolescentes que no se despegan del teléfono por la cantidad de mensajes a los que se ven obligados a contestar y cuya amistad parece evaluarse en términos de rayitas que marcan sus interacciones en Snapchat. La lista de críticas al impacto social de estas plataformas es variada.

En la última edición del Foro de Davos, el multimillonario George Soros resumió en una intervención los problemas que, estima, plantean las redes. Dijo que mientras las compañías petrolíferas y de minería explotan el medio ambiente, las redes sociales explotan el ambiente. Que, al influir en el modo en que la gente piensa y se comporta, implican un riesgo para la democracia.

Ahora les llueven las críticas, pero tienen muchas líneas de defensa. Cuando el pasado 10 de enero el escritor Lorenzo Silva anunciaba que, harto de ruido, tiempo perdido e insultos, dejaba Twitter, la periodista y prolífica tuitera Carmela Ríos publicó un decálogo de las razones que le llevan a mantenerse en esta red social. Escribió: “Estoy en Twitter porque es una herramienta de comunicación política del siglo XXI”. Y a partir de ahí desgranó sus motivos en 10 tuits: “Porque las redes son necesarias en la era de la desinformación, no es posible detectar o combatir noticias falsas sin conocer su ecosistema natural”; “porque he aprendido con los años a racionar su uso”; “porque es una maravillosa fuente de conocimiento”; “porque he aprendido a discriminar entre sus mejores usos (el menos interesante, sin duda, la tertulia o el debate político)”; y porque permite “conocer a personas cuyas ideas, conocimientos, proyectos o sentimientos merecen la pena”.

Este periódico solicitó hablar con algún portavoz de Facebook y de Twitter para que pudieran responder a algunas preguntas. Ambas ofrecieron, en cambio, enviar información por correo electrónico.

La cuestión es qué hacer. Porque aunque Zuckerberg ha anunciado que está dispuesto a poner coto a noticias, marcas y memes, aunque vaya a retocar el algoritmo para que haya menos información y más relación entre usuarios, no querrá perder los ingresos en publicidad que entran en función del tiempo que se emplea en su red.

Jonathan Taplin, emprendedor que publicó el año pasado el libro Move Fast And Break Things: How Facebook, Google And Amazon Cornered Culture And Undermined Democracy (Muévete rápido y rompe: cómo Facebook, Google y Amazon arrinconaron la cultura y socavaron la democracia), tiene todas sus esperanzas puestas en la UE. “Europa está liderando al mundo en esto”, declara en conversación telefónica desde California este director emérito del Laboratorio de Innovación Annenberg de la Universidad de Carolina del Sur y exproductor cinematográfico. “Debemos agradecer, por ejemplo, que se multara a Google[2.420 millones de euros por abuso de posición dominante]”.

El productor Jonathan Taplin aboga por reducir el tamaño de estos imperios. Que Facebook se desprenda de Instagram y Whatsapp

El nuevo Reglamento General de Protección de Datos de la UE, que se espera para mayo, es visto por múltiples expertos como un catalizador para fortalecer la protección de datos de los ciudadanos. “Hay que regular”, sostiene Taplin, “necesitamos leyes; no es el mercado el que va a solucionar el problema”. Taplin aboga por reducir por ley el tamaño de estos imperios: obligar a Google a que venda YouTube; a Facebook, a desprenderse de Instagram y WhatsApp; aplicar leyes de la competencia, redimensionar.

The Economist proponía en noviembre en un artículo que las redes deberían dejar más claro si un post viene de un amigo o de una fuente fiable, mantener a raya a los bots que amplifican los mensajes y adaptar sus algoritmos para poner las noticias pincha-pincha [las que provocan muchos clics] al final del muro para evitar así que los reguladores acaben imponiendo cambios en un modelo de negocio basado en monopolizar la atención.

Los grandes de Silicon Valley, mientras, han enviado a un ejército de lobistas a Washington. Temen que les ocurra como a Microsoft, condenada por prácticas abusivas de monopolio.

Hay voces que reclaman que las plataformas tengan que responder por lo que se publica en ellas. Algo a lo que las redes responden que se niegan a convertirse en árbitros de la verdad. Hay otras que reclaman que los programas educativos incluyan elementos prácticos que permitan a los más jóvenes aprender a manejar el componente adictivo de las redes.

Hay quien dice, en fin, en un claro alarde de optimismo antropológico, que la gente progresivamente pasará de ellas como de la comida basura, optará por dedicar su tiempo de lectura a bocados más selectos.

Fuente: Redes Sociales

Saludos

Mario Meneses

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“Estudio sobre la Igualdad entre Mujeres y Hombres en Materia de Puestos y #Salarios en la Administración Pública Federal 2017”


Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH)

El presidente de la CNDH, Luis Raúl González Pérez, presentó el “Estudio sobre la Igualdad entre Mujeres y Hombres en Materia de Puestos y Salarios en la Administración Pública Federal 2017″, en donde mencionó que son evidentes los desafíos que se enfrentan para consolidar una cultura de verdadera Igualdad entre los géneros.

Además la CNDH emitió una Recomendación al titular del IMSS por inadecuada atención y negligencia médica que ocasionó la muerte de un menor en Baja California.

Los banqueros de la guerra. #Armas


Munición de 7.62 mm preparada para su distribución internacional en Puckapunyal, Australia. (Fotografía de U.S. Air Force Tech. Sgt. Michael Holzworth)

   

Los Estados invierten importantes cantidades de recursos públicos en el complejo militar-industrial, pero la financiación de otros organismos privados, como los bancos y las entidades financieras, también es esencial para la industria de la guerra. En ocasiones, la laxitud de la normativa de algunas de estas organizaciones supone un gran riesgo para controlar el desvío de fondos, que terminan financiando los destinos más indeseados.

¿Cuánto te preocupa ser —o alguien de tu entorno— víctima de un ataque terrorista? El Pew Research Center desvela que en ocho de diez Estados europeos encuestados la mitad o más de la población teme que las personas refugiadas incrementen la posibilidad de atentados terroristas en sus países. En Francia han perdido la vida más de 230 personas desde el atentado de 2015 contra la revista Charlie Hebdo, pero la probabilidad de morir en un accidente de coche es 27 veces mayor que a manos de terroristas, un consuelo humillante para las víctimas de estas atrocidades. Lo cuestionable es que la “guerra contra el terror” se base en representaciones deliberadamente exageradas de un temor razonable y se convierta, a la postre, en una ocasión lucrativa para ciertos sectores.

El gasto militar mundial aumentó en 2016 por segundo año consecutivo hasta alcanzar los 1,69 billones de dólares, lo que supone un 2,2% del PIB mundial. La financiación de la industria armamentística precisa tanto de recursos públicos como privados, y es en este segundo ámbito donde la inversión de las entidades bancarias supone una parte fundamental en el complejo militar-industrial.

Para ampliar: Shock tactics: how the arms industry trades on our fear of terrorism”, Paul Holden enThe Guardian, 2017.

Los veinte principales países exportadores de armas. Fuente: SIPRI

El coladero del secreto bancario

Los flujos financieros entre los bancos y las empresas armamentísticas implican la participación de actores intermediarios que dificultan la rastreabilidad en las transacciones de armas. En el marco de la globalización, la transnacionalización de las actividades criminales se ha beneficiado de la reducción de los controles aduaneros en ciertas zonas de libre comercio, especialmente en aquellos países en vías de desarrollo o donde la persecución y legislación contra el crimen organizado son más laxas. Un ejemplo paradigmático es Viktor Bout. Considerado como uno de los mayores traficantes de armas del mundo, el apodado Mercader de la muerte se sirvió de las 16 aerolíneas de las que era propietario para proveer de armamento a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a los talibanes de Kandahar o a los niños soldados de Charles Taylor, entre otros.

Charles Taylor apoyaba a la milicia sierraleonesa Frente Unido Revolucionario usando a niños soldados a cambio de diamantes. Fuente: ProPublica.

Si bien el blanqueo de capitales no es un fenómeno nuevo, su carácter transnacional ha apremiado a los distintos países a adaptar sus legislaciones nacionales hacia un consenso general y uniforme. En este sentido y especialmente dirigido hacia la actividad de las entidades financieras y los bancos, destaca el papel del Grupo de Acción Financiera Internacional, constituido por el G7 en 1989. Su sistema de “40 recomendaciones” impone una serie de obligaciones a estas personas jurídicas para que conozcan con la máxima exactitud cuál es la procedencia de los negocios que efectúan y la verdadera identidad de sus clientes, así como prevenir e informar de cualquier actividad que pueda estar relacionada con el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo. Evidentemente, este cometido supone un choque para los intereses tanto de las entidades privadas como de sus clientes, pero su incumplimiento conlleva una serie de sanciones, además de incurrir en una potencial responsabilidad penal.

Para ampliar: “Envíos letales. El Tratado sobre el Comercio de Armas y los controles de transporte”, Amnistía Internacional, 2010

Aun así, la consumación de estos principios está lejos de ser efectiva. Amnistía Internacional ha identificado importantes lagunas en las normativas bancarias del tercer centro financiero europeo, Luxemburgo. Por ejemplo, la política de ING —el vigésimo octavo mayor banco del mundo—  establece que, aunque una transacción sea inicialmente “inaceptable” en términos de responsabilidad social corporativa, se pueden aplicar excepciones y terminar aceptándola “en circunstancias excepcionales”; no obstante, la entidad no especifica por qué criterios se rige en estas ocasiones. Otro caso sonado fue el del británico HSBC Holdings, sexto banco en la clasificación mundial. La entidad fue acusada por Estados Unidos de ser la “institución financiera preferida” de los cárteles mexicanos y colombianos —que llegaron a mover 881 millones de dólares provenientes del narcotráfico— y de haber efectuado transacciones con Myanmar, Cuba, Irán, Libia y Sudán, todos países sancionados por Washington. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación desveló, a través de las filtraciones de Hervé Falciani, que entre los clientes del HSBC se encontraban supuestos financiadores de Al Qaeda y Osama bin Laden provenientes de Arabia Saudí y otros países del Golfo. Las acusaciones quedaron finalmente desestimadas y HSBC evitó un proceso penal al aceptar el pago de una multa de 1.470 millones de euros.

Para ver: Inside the Awkward U.S.-Saudi Alliance Against ISIS | Confronting ISIS”, Frontline, 2016.

Principales exportaciones armamentísticas de 2011 a 2015. Fuente: Le Monde Diplomatique

Armas de responsabilidad estatal y corporativa

El Derecho internacional prohíbe taxativamente la fabricación, almacenamiento, uso o transferencia de determinadas armas, como las biológicas y químicas, las minas antipersona y las municiones de racimo. En 2010 entró en vigor un tratado internacional que prohibía este último tipo de armamento; seis años después, ha sido firmado por 119 países.

En 2011 una investigación de SETEM concluyó que 14 bancos españoles —entre ellos el BBVA, Santander, Bankia o La Caixa— habían financiado a 19 productores de armas “controvertidas”, en cuyas reservas podían encontrarse armamento nuclear y de uranio empobrecido. Las bombas de racimo MAT-120, utilizadas por Muamar el Gadafi en zonas residenciales ese mismo año, habían sido fabricadas por la empresa española Instalaza en 2007, un año antes de que estas armas fueran prohibidas. Aunque la empresa era conocedora de la futura prohibición, detuvo la producción, pero no la venta de este tipo de armamento. Igualmente es destacable que el anterior ministro de Defensa español y actual embajador en Estados Unidos, Pedro Morenés, fue consejero de Instalaza hasta 2007 y su representante hasta 2011.

De todos modos, el caso del exministro no es el único que evidencia la cercanía entre el sector político y el armamentístico. En Francia, Serge Dassault ha sido senador de Los Republicanos, el partido de Nicolás Sarkozy, y alcalde de Corbeil-Essones entre 1995 y 2009 mientras compaginaba la dirección del Grupo Dassault, fabricante de los cazas Rafale y puesto 57.º en la prestigiosa lista Forbes. Su hijo, Olivier Dassault, también es diputado del mismo partido.

Marcas de la explosión de una bomba de racimo. Fuente: Human Rights Watch

A pesar de la prohibición internacional, las municiones de racimo continúan fabricándose y financiándose. Actualmente, seis empresas siguen produciendo este tipo de armas en China, Corea del Sur y Estados Unidos y son financiadas por 166 instituciones financieras. De las diez principales firmas, ocho son estadounidenses y las otras dos radican en China y Japón.

Para ampliar“Privatizar la solidaridad”, Ramón Lobo en InfoLibre, 2017

La reciente atrocidad del bombardeo químico sobre la ciudad de Jan Shijún, en Siria, en el que fallecieron al menos 86 personas —lo que elevó la cifra a más de 1.100 muertes por ataques químicos desde que empezó la guerra—, planteó dudas razonables. ¿De dónde procede ese arsenal químico? Un informe de la CIA de 1983 señalaba que Siria “tiene, probablemente, la mayor capacidad de ‘guerra química’ del mundo árabe”, en buena medida porque el país fue uno de los mayores importadores de armas químicas de las extintas Unión Soviética y Checoslovaquia. Entre 1982 y 1993, el Gobierno alemán también autorizó 50 entregas de “material sospechoso” a Siria y el ministro de Economía germano aprobó la exportación de cien toneladas de sustancias químicas de doble uso entre 2002 y 2006. También el Gobierno británico reconoció haber autorizado el envío de productos químicos entre 2004 y 2010 que podrían haberse utilizado para fabricar gas sarín, sustancia que quizá produjo las muertes civiles de Jan Shijún.

Fuente: Cartografía EOM

Para ampliar: “British banks are go-betweens in global conflict. This can be stopped”, The Guardian, 2017

Evidentemente, no solo las compañías del sector privado son protagonistas del comercio armamentístico: la responsabilidad fundamental recae en los Gobiernos, bajo el pretexto legítimo del derecho a la propia defensa. Sin embargo, los Estados tienen una serie de obligaciones y responsabilidades para asegurar que no se cometan violaciones graves del Derecho internacional humanitario y de los derechos humanos, protagonizadas por el armamento que estos financian o porque no se haya llevado a cabo un seguimiento y control efectivo de él. Sobre este aspecto, el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) representa el marco normativo fundamental para avanzar en el control y seguimiento de las exportaciones de armamento convencional.

El TCA es un acuerdo internacional vinculante por el que los Estados partes se comprometen a respetar normas estrictas respecto a las transferencias de armas y a detenerlas en caso de conocimiento de que existe un “riesgo preponderante” de que se están utilizando para cometer crímenes de lesa humanidad o de guerra. Actualmente, 130 Estados han firmado el acuerdo, pero solo 83 lo han ratificado. Estados Unidos, a pesar de ser el mayor exportador armamentístico —acumula el 30% de las ventas internacionales—, aún no lo ha ratificado. Tampoco lo han hecho la Federación Rusa y China, segundo y tercer exportadores mundiales respectivamente, ni India, primer importador de armas en el mundo.

Las municiones de racimo MAT-120, de fabricación española, fueron utilizadas por Gadafi en zonas residenciales en 2011. Fuente: The New York Times.

Concretamente, los artículos seis —prohibiciones—, siete —exportación y evaluación de las exportaciones— y once —desvío— establecen los parámetros fundamentales de la transferencia de armas. Por ellos, los Estados partes deben evaluar, entre otros factores, si existen riesgos tales como ejecuciones extrajudiciales o si se están cometiendo genocidios o atentados contra los derechos humanos. Además, en Europa existen mecanismos para fomentar la unificación de una postura europea al respecto, como la Guía del usuario de la posición común de la UE. Sin embargo, la realidad demuestra que el cumplimiento de estos principios es, en ocasiones, exiguo.

Para ampliar: La industria bélica, un negocio seguro”, José Bautista en La Marea, 2016

Es el caso de las relaciones que mantienen algunos Estados ratificadores con la coalición liderada por Arabia Saudí y su responsabilidad desproporcionada en la guerra de Yemen, que desde 2015 ha dejado más de 10.000 víctimas mortales, según la ONU. En concreto, once Estados firmantes han suministrado equipaje militar a Arabia Saudí por valor de más de 4.900 millones de dólares. España se posiciona como el tercer mayor exportador armamentístico de Riad con casi 900 millones de euros. Especialmente polémica ha sido la venta de cinco corbetas fabricadas por Navantia, una de las mayores empresas armamentísticas españolas y financiada por el Banco Santander, posiblemente para ser utilizadas en Yemen en un momento en el que el país más pobre de la península arábiga se encuentra bajo un bloqueo naval, lo que supone que más de la mitad de los 28 millones de yemeníes sufran escasez de alimentos. Oesia, otra gran fabricante española e igualmente financiada por Santander, desarrolla tecnología para los aviones de combate Typhoon, de los cuales Arabia Saudí ha adquirido 76 unidades, seguramente con el mismo fin contra Yemen.

Para ampliar: “Corruption and terrorism: the casual link”, Sarah Chayes en Carnegie Endowment for International Peace, 2016.

Principales ventas de armas a Arabia Saudi. Fuente: ATT Monitor

La entidad bancaria también financia a otras empresas, como Maxam, dedicada a explosivos y municiones. En 2016 un camión que transportaba un millón de unidades de cuerdas detonantes producidas por el fabricante español permaneció retenido cinco días en la frontera turca cuando se dirigía a Amán, la capital de Jordania, pasando por Siria. Durante el trayecto, parte del cargamento desapareció y los investigadores albergaban serias dudas de la existencia real de la supuesta empresa compradora jordana. En el caso de haber podido cruzar a Siria, el camión habría tenido que pasar por algunos puestos fronterizos controlados por distintos grupos rebeldes de corte yihadista y aliados del Frente Al Nusra.

La travesía descontrolada del armamento

El artículo 11.2 del TCA expone que “el Estado parte exportador tratará de evitar el desvío de las transferencias de armas convencionales (…), por medio de su sistema nacional (…), evaluando el riesgo de que se desvíe la exportación y examinando la posibilidad de establecer medidas de mitigación”. Pero la realidad vuelve a demostrar que los controles sobre el desvío de armas no son tan rigurosos como deberían serlo idílicamente. Oxfam Intermón apunta que casi un millón de los ocho millones de armas que se producen cada día en el mundo se extravía o es robado y que la corrupción interna de la industria armamentística supone un coste de 20.000 millones de dólares al año.

La opacidad y la laxitud de estos controles supone que una parte importante de las transferencias de armamento terminen engrosando los arsenales del crimen organizado y organizaciones terroristas mediante el mercado negro. También es interesante considerar el llamado mercado gris: desde este enfoque, se considera que la mayoría de los flujos de armas ligeras acaban en manos de destinatarios ilícitos por autorizaciones inapropiadas desde los Estados exportadores. En este limbo, estos países envían armas en forma de ayuda encubierta bajo el pretexto de causas políticas que los destinatarios importadores no podrían autorizar de forma enteramente legal.

Para ampliar: “Cómo llegan las armas a manos de los yihadistas”, El Mundo, 2016

Los veinte principales países importadores de armas. Fuente: SIPRI

El proceso de desviación puede ocurrir mediante el robo de los materiales en los depósitos legales —controlados por las fuerzas militares y policiales—, por el extravío deliberado durante el trayecto del envío o cuando el Estado o el importador retransportan inmediatamente la carga a otro destinatario no autorizado. Los ejemplos de este proceso son muy numerosos. Las investigaciones del diario Spiegel han desvelado informaciones que apuntan a que algunas armas pequeñas suministradas por el Gobierno alemán a la coalición liderada por Arabia Saudí acabaron en mano de las fuerzas huzíes, precisamente el objetivo a combatir en Yemen por la coalición. También se desvió este tipo de armamento al grupo radical Emirato de los Protectores del Credo.

En la misma línea, los planes de entrenamiento y militarización de grupos rebeldes contrarios a regímenes opositores tienen muchas posibilidades de traer consecuencias indeseadas. En 2015 un arsenal de armas —valorado en millones de dólares y que incluía rifles Kaláshnikov, morteros y RPG, muchos comprados en países balcánicos y del este europeo— enviado por Washington a Jordania para entrenar a grupos rebeldes sirios fue sistemáticamente robado por operativos de inteligencia jordanos, que terminaron vendiéndolas en el mercado negro. También fueron utilizadas en un tiroteo en noviembre de ese mismo año que mató a dos oficiales estadounidenses. En 2007 la Oficina de Contabilidad del Gobierno estadounidense reconoció que se desconocía el paradero de 110.000 rifles de asalto Kaláshnikov y 80.000 pistolas compradas por Washington para el Gobierno de Irak.

Para ampliar: “El mercado necesitaría una guerra o una recesión para despertar, según Goldman”, María Igartua en El Confidencial, 2017

La hipocresía como principio

Se puede argumentar que la venta de armamento sirve para tratar de poner fin a un conflicto, que las exportaciones cumplen rigurosamente una serie de garantías iniciales o que resulta un incentivo para la creación de puestos de trabajo. Pero estos razonamientos caen por su propio peso cuando la violencia y la inseguridad que se pretende combatir no solo permanecen, sino que de hecho empeoran.

Entre 2003 y 2014, los países miembros de la Unión Europea autorizaron la exportación de armamento a 63 de 65 países en tensión o conflicto por un valor de 427 mil millones de euros. Entre los países importadores, en 26 la situación no ha mejorado e incluso ha empeorado. Tales son los casos, entre otros, de Siria, Irak, Sudán del Sur, República Democrática del Congo o Somalia, todos ellos principales focos de emergencias humanitarias de los que provienen la mayoría de las personas refugiadas del planeta. Esto sin olvidar la connivencia para con terceros responsables de atrocidades humanitarias al tiempo que se evoca la defensa de los derechos humanos y los valores “universales”.

Pero esta ambigüedad retórica y conductual no es exclusiva de las instituciones públicas. Puede parecer sorprendente que las principales entidades bancarias recojan el respeto y la promoción de los derechos humanos en sus políticas generales cuando, en el caso de España, tres de cada cuatro armas no existirían de no ser por el apoyo de los bancos. O que las grandes multinacionales anuncien que hace falta una gran guerra para que el mercado despierte, aunque “se tomen muy en serio” la tarea de proteger la dignidad humana. Igualmente llamativo es que ya haya quienes calculan los beneficios de reconstruir zonas devastadas por la guerra mientras la población civil se arriesga a morir por recuperar lo que pueden con sus propias manos.

En un momento en el que la hipocresía parece alcanzar límites esperpénticos, quizá sea una ocasión adecuada para plantear: ¿hasta cuándo se permitirá que el miedo y la vida humana sigan cotizando en bolsa?

Un hombre sentado sobre los escombros de una casa en Sanaa (Yemen) tras un bombardeo de la coalición liderada por Arabia Saudí. Fuente: Vocativ.
Acerca de Jimena García  5 Articles
Madrid, 1992. Graduada como juntaletras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente estudiando Ciencias Políticas. Interesada en asuntos de derechos humanos y también en inteligencia y seguridad internacional. Con la vista puesta en Rusia y en la vasta región del Cáucaso. Twitter: @jim_flaneuse
Saludos
Mario Meneses

Pendrives que parecen inofensivos pero que son armas para hackear


Los BadUSB parecen inofensivos USB pero realmente son pequeños equipos que sirven para hackear ordenadores.

11/02/2018 a las 20:15 UTC · Elías Rodríguez García

Los BadUSB pueden parecer pendrives pero realmente no lo son. En apariencia, nadie se atrevería a decir que no es un pendrive, pero, realmente, se trata de, en muchas ocasiones, mini-equipos capaces incluso de destruir tu ordenador.  Es básicamente, uno de los grandes motivos por lo que nunca deberíamos conectar un usb que veamos por la calle en nuestro ordenador.

Como decíamos, son mini-equipos, literalmente, pues tienen su memoria de almacenamiento, igual que también tienen su propio procesador (y todo ello, sí, dentro de la carcasa de un simple pendrive). Emulan ser un teclado, y eso es justamente lo que nuestro ordenador creerá que es cuando lo conectemos a nuestro ordenador.

Un teclado que simula ser un pendrive USB inofensivo

Al tratarse de un teclado, puede inyectar pulsaciones de teclas en nuestro ordenador sin que nos enteremos. Y a ojos del ordenador, es como si esas teclas las pulsásemos nosotros. Por ejemplo, podría ejecutar la combinación de teclas Windows + ‘R’, abrir el registro de Windows y liarla parda en nuestro ordenador borrando cosas esenciales. Este es un solo ejemplo de cosas que se podrían hacer con este USB que parece inofensivo.

O incluso hacer que recoja todo aquello que el usuario escriba con el teclado de verdad (la definición de keylogger), de modo que pueda sacar incluso contraseñas.

Puede ejecutar, incluso, comandos en la terminal

Simplemente con un tipo de imaginación podemos hacer barbaridades realmente interesantes. Y es literalmente como si tuviésemos acceso al teclado de una persona, de modo que podemos hacer casi cualquier cosa. Pero la naturaleza de este ‘USB’ en sí no es maligna, sino que ese es el uso que le dan muchos usuarios. Es decir, que no solo sirven para hacer el mal.

El USB no está conectado a Internet ni nada de eso, sino que las teclas que inyecta ya están precargadas en la tarjeta micro-SD del USB. El dueño puede precargar lo que quiera dentro del USB y, una vez se conecte en un ordenador, hará aquello para lo que esté programado.

BadUSB, pendrives para hackear desde pocos dólares

Su precio puede ir desde las decena de euros, como el USB Rubber Ducky, uno de los más avanzados, hasta simplemente costar unos pocos euros (los podemos adquirir en tiendas chinas online). Incluso también se pueden construir a mano, aunque muy posiblemente el resultado sea algo más notorio y voluminoso, por lo que no pasaría por un pendrive y no nos serviría. En Amazon podemos encontrar uno por ejemplo a unos 16 euros, aunque sin carcasa.

 BadUSB en Amazon (16 euros)

En cuanto a la programación, encontraremos muchos proyectos en Internet que muy probablemente se aproximen a lo que estamos buscando. Hay mucho soporte en Internet para este tipo de dispositivos, puesto que su uso está bastante extendido dentro del mundo del hacking.

Fuente: Pendrives

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Mario Meneses

¿Hacia dónde deben dirigirse las propuestas de #Seguridad para el sexenio que viene? Conoce la opinión del Dr. Bernardo Gómez del Campo


Seguridad Pública, Seguridad Ciudadana y Seguridad Humana

Percepción de la lucha contra la #Corrupción – Revista InSecurity COLADCA #Colombia


Publicado el 3 feb. 2018

Presentación del Articulo “Percepción de la lucha contra la corrupción” Revista InSecurity – Comunidad COLADCA, por parte del señor CR (RA) Edgar Hernando Corredor – Director General Instituto Anticorrupción para Colombia y Latinoamérica.

Agentes federales desaparecen en Nayarit y un grupo criminal los exhibe hincados, “declarando” (VIDEO)


PGR

En redes sociales comenzó a difundirse un video en el que los dos agentes de la PGR aparecen hincados, rodeados de sujetos encapuchados quienes les apuntan con armas largas y los obligan a leer un mensaje.

Ciudad de México, 11 de febrero (SinEmbargo).– La Procuraduría General de la República (PGR) dio a conocer este día que dos agentes de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) se encuentran desaparecidos desde el pasado 5 de febrero.

En un comunicado, la dependencia informó que ambos elementos disfrutaban de sus días de descanso, por lo que acudieron a un evento familiar al estado de Nayarit.

La PGR informó que los agentes desaparecidos responden a los nombres de Alfonso Hernández Villavicencio y Octavio Martínez Quiroz y difundió las fichas de los agentes.

La Agencia de Investigación Criminal, informó la PGR, “inició las investigaciones necesarias para la búsqueda y localización de estos dos efectivos de la Procuraduría General de la República”.

En redes sociales comenzó a difundirse un video en el que se asegura que los dos agentes de la PGR fueron “levantados” por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

En el material los agentes aparecen hincados, rodeados de sujetos encapuchados quienes les apuntan con armas largas y los obligan a leer un mensaje.

Alfonso Hernández Villavicencio, fue obligado a leer un mensaje en el que señala que desde el nombramiento de Alfonso Navarrete Prida como Secretario de Gobernación se les dio la instrucción de realizar labores de inteligencia en la entidad.

Tras la difusión del material audiovisual la PGR no se ha pronunciado al respecto.

Fuente:  Agentes federales desaparecidos

Saludos

Mario Meneses

El ‘síndrome del emperador’, cuando tu hijo es un tirano.


Síndrome del tirano

Dedicar poco tiempo a su atención y conceder caprichos son el abono para que un niño manifieste el llamado “síndrome del emperador”