La #Criminalidad como una forma de movilidad social


 

La criminalidad como una forma de movilidad social

POR: Leo Zuckermann
Leo Zuckermann

Hace poco leí un estupendo artículo del famoso ensayista canadiense Malcom Gladwell en la revista The New Yorker. Titulado The crooked ladder (en español podría traducirse como “la escalera torcida”, aunque el adjetivo también podría ser “fraudulenta” o “deshonesta”), trata sobre un tema fascinante: ¿Es el crimen organizado una forma que tienen los individuos con pocas oportunidades de mejorar su situación social? ¿Qué pasa con las generaciones futuras de los delincuentes organizados? ¿Se convierten en respetables hombres de negocios gracias a la fortuna acumulada originalmente en actividades ilícitas?

Gladwell cita a Robert K. Merton quien hace seis décadas hizo un estudio para ver cómo reaccionaban los estadunidenses frente a la presión cultural de tener éxito en América y subir en la pirámide social. Uno de los grupos que encontró el renombrado sociólogo fueron los “innovadores”. Resulta que la gente de la parte más baja de la pirámide, sobre todo inmigrantes recientemente llegados a Estados Unidos, eran los más creyentes en el “sueño americano”. No conformes con su situación, y viendo que era difícil tener éxito en una sociedad estratificada con pocas oportunidades para los desembarcados, encontraron una alternativa para hacer realidad su sueño: subir la pirámide por una escalera torcida, fraudulenta o deshonesta.

Se convirtieron en criminales. No es gratuito que, a finales del siglo XIX y principios del XX, las principales bandas mafiosas fueran de inmigrantes irlandeses, judíos e italianos. Se dedicaron a todo tipo de negocios ilegales como la prostitución, la venta de protección, la extorsión y el juego. Tuvieron un momento de gloria cuando el Congreso estadunidense tomó una de las decisiones más estúpidas de su historia: prohibir las bebidas alcohólicas. Ahí se hicieron verdaderas fortunas en la venta del producto ilícito. Luego, cuando se volvió a legalizar el alcohol, se dedicaron a otras drogas.

Lo interesante es que aquella generación de mafiosos, contra lo que se presenta en las películas de El Padrino, eventualmente fueron subiendo la pirámide social operando ya negocios lícitos. La escalera torcida sí les sirvió. Con la fortuna obtenida de manera ilegal, hijos y nietos de los mafiosos se convirtieron en ciudadanos modelo, muchos de ellos exitosos en diversos campos de la sociedad. Hicieron real el sueño de don Corleone de que por lo menos uno de sus hijos, Michael, fuera un americano hecho y derecho.

Lo interesante de la pieza de Gladwell es la diferencia con los nuevos mafiosos de hoy en día. Las mafias de ahora siguen siendo de grupos de la parte más baja de la pirámide social que, ante la falta de oportunidades, deciden escalar de manera deshonesta. Son, sobre todo, afroamericanos y latinos. La diferencia es que los criminales organizados de antes solían durar mucho tiempo en las calles de tal suerte que podían dar el salto a negocios lícitos. Los de ahora, en cambio, terminan muy rápido en la cárcel, huyendo de las autoridades o de plano asesinados. Esto es lo que demuestra otro libro, citado por Gladwell, de la socióloga AliceGoffman (On the Run: Fugitive Life in an American City).

¿Qué explica esta diferencia? Nada menos que el papel de las autoridades. Antes la policía toleraba la prostitución, la venta de drogas y el juego, sobre todo por la corrupción existente. Pero ahora, de acuerdo a Goffman, la policía se ha vuelto más eficaz y dura en perseguir a los criminales organizados en parte, según ella, porque la corrupción policial se ha reducido de manera importante en Estados Unidos. Esto ha generado que la estructura criminal esté siendo constantemente amenazada por las autoridades con citatorios, apariciones en las cortes, juicios y encarcelamientos. Muchos de los delincuentes de plano deciden escaparse. Otros terminan asesinados producto de la violencia criminal. De esta forma, la escalera torcida ya no sirve para escalar.

Al terminar el artículo de Gladwell, uno acaba preguntándose qué pasará aquí en México. ¿Será el crimen organizado una manera de escalar la empinadísima pirámide social que existe en el país? No lo sé. Voy a buscar estudios académicos. Por lo pronto, me parece muy interesante el argumento de que individuos ambiciosos, ante la falta de oportunidades, delincan como una forma de movilidad social y, si la policía los deja, puedan lograrlo convirtiéndose, eventualmente, en ciudadanos modelo.

Fuente: Excelsior            Twitter: @leozuckermann

Saludos

@MarioMeneses_

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