La #homofobia es una subcultura en la #policía municipal mexicana. @InsydeMx


 

A pesar de que el discurso de derechos humanos ha permeado entre las y los policías y que se acepta que los homosexuales son sujetos de derechos, sigue vigente el peso de la influencia heteronormativa que distingue negativamente a la homosexualidad, la cual se refleja en la homofobia al interior de la policía, regulando a la hombría a partir de los cánones de la hetenormatividad y la masculinidad hegemónica.

Por: Daniel Estrada Zúñiga

La homofobia es una subcultura en la policía municipal mexicana. Con la intención de identificarla, en Flacso se desarrolló una investigación cualitativa con policías del área de prevención del delito para entender cómo una construcción social de la violencia de género es trasladada al interior de la institución policial.

La institución policial se construye con los mandatos de la masculinidad hegemónica (armas, violencia y abusos de poder). La idea que tienen los policías acerca del ser hombre, de la homosexualidad y la homofobia, provienen de comportamientos, actitudes y lenguaje discriminatorios por motivos de orientación sexual y de género; influencia mucho más poderosa que la visión de los derechos humanos (que, como autoridad, se encuentran obligados a respetar, garantizar, proteger y promover). Un ejemplo: “a mí nadie me engaña, los putos son putos porque no se les para [el pene]; yo los tengo que respetar por eso de los derechos humanos, pero si por mí fuera, los aventaba a un barranco”.

Para comprender la construcción social de la violencia y de la discriminación en la institución policial es necesario tener en mente tres conceptos: subcultura, heteronormatividad y homofobia. La subcultura policial, se trata de la serie de “pautas, valores, prácticas y comportamientos” compartidos que se reproducen y legitiman creencias entre las personas que conforman la policía. (Suárez de Garay, 2006: 26). La heteronormatividad es un orden simbólico que ubica las ideas tradicionales del deber ser de la masculinidad, que suscita el odio y aversión hacia la homosexualidad*. Y la homofobia es la violencia (manifiesta en desprecio, insultos, burlas, discriminación, hasta el homicidio) que tiene como objetivo la exclusión social (Parrini y Brito 2013: 15).

En la subcultura policial encontramos tres elementos en donde cotidianamente se recurre a comportamientos de exclusión y discriminación hacia la homosexualidad: en las claves policiales; en el uniforme de los policías; y en el lenguaje de burla y carrilla sobre homosexuales.

Las claves son fundamentales para el funcionamiento de la policía. Es un código exclusivo. La policía usa claves formales e informales. En la formal, “50” y “76” no significan lo mismo aunque ambas se refieren a personas: “50” significa homosexual y “76” ciudadano/a.

¿Un homosexual no es ciudadano? Así lo explica un policía entrevistado: “Porque para referirte a una persona homosexual no lo puedes hacer con ningún apodo, con ningún mote, ni nada. Entones, si dices un ‘76’, ‘un ciudadano’, ¿cómo le vas a decir? ¿Un ‘ciudadano rarito’? ¿Un ‘ciudadano homosexual’?

Otra clave informal es “64-63”. Su significado la identifica con la homosexualidad y las mujeres: la penetración anal. El “64” se refiere al acto sexual y el “63” “al pequeño”, haciendo referencia al ano. La expresión en clave “64-63” por lo regular va acompañado de burla y bromas sobre las mujeres y hombres homosexuales, para distinguirles que ellas y ellos no son normales, es decir, “no les gustan que les den por detrás”.

No se ha identificado cuándo y dónde se creó está clasificación en claves, sin embargo, lo interesante es reflexionar que dichas claves forman parte del lenguaje cotidiano en la subcultura policial, misma que rechaza la diferencia sexual hacia la homosexualidad; donde cincuenta no es setenta y seis, y “76” no es lo mismo que “50”.

El segundo elemento de la subcultura policial que simboliza discriminación hacia la homosexualidad es el uniforme. En la institución policial el uniforme representa su función, y esa simbolización es esencial para ejercer dicha función (Suárez de Garay, 2010: 179). A partir de una iniciativa para promover acciones de género en el área de prevención del delito, la anterior administración determinó que los días viernes las y los policías vistieran como parte del uniforme una playera rosa. Esto arrojó elementos verbales de homofobia, incluso por parte de la ciudadanía, quienes vinculaban al color con ausencia de masculinidad: “mira allí anda el de rosita“; “se ven más valientes… se ven más masculinos”; “ahí viene el de prevención del jotito”.

Por último, el tercer elemento de la subcultura policial es el lenguaje de broma y carrilla. En la policía, la carrilla a la homosexualidad se da en dos vías. Por un lado se menosprecia que los hombres muestren sentimientos relacionados a lo femenino: llorar, no aguantar y exponer emociones afectivas. En la carrilla florece el morbo y el sentido sexual se expone con tintes homoeróticos, que difícilmente son visibilizados como tal en un sistema heteronormartivo como la policía. Se habla del tamaño del pene y algunas veces se invita con el comportamiento a tocarlo; existen manoseos, aparentemente, entre burla o broma; se alburea al otro sobre su supuesta sexualidad que no corresponde a la de los “otros” hombres, negado y avergonzado por el modelo dominante de la sexualidad masculina. Así, es común que en la policía se permeen frases como “¡el más gay es él!”, “¡deja de jotear!”, “pareces mariquita” y “pareces gay´s”.

Así, el poder del imaginario social sobre la homosexualidad tiene fuertes repercusiones en las y los policías, aprendizajes que son retomados por la infusión histórica de la influencia religiosa, de los medios de comunicación, la familia, el Estado, la escuela y la misma institución policial.

La producción de cargas valorativas homofóbicas sobre la homosexualidad por parte de quien debe respetar el orden y al mismo tiempo los derechos humanos, mantienen prejuicios arraigados en que la homosexualidad es antinatural, “ellos no se reproducen”. A pesar de que el discurso de derechos humanos ha permeado entre las y los policías y que se acepta que los homosexuales son sujetos de derechos, sigue vigente el peso de la influencia heteronormativa que distingue negativamente a la homosexualidad, la cual se refleja en la homofobia al interior de la policía, regulando a la hombría a partir de los cánones de la hetenormatividad y la masculinidad hegemónica.

Tomando en cuenta lo que sucede en Ayotzinapa –la desaparición forzada, la tortura y posiblemente el homicidio y la evidencia de la violencia de género como la homofobia al interior de las policías municipales en México, es evidente y al mismo tiempo urgente transformar las estructuras organizacionales de las policías. Es aquí donde la apuesta por la seguridad ciudadana, desde una visión de derechos humanos, igualdad de género y diversidad sexual, es la propuesta que permite cambiar los esquemas de pensamiento y actitud que mantienen las y los policías en las subculturas institucionales donde se desenvuelven.

* Daniel Estrada Zúñiga es colaborador de la Dirección de Investigación Aplicada en Policía, Seguridad y Justicia Penal de Insyde.

Fuente: Animalpolitico.com

Saludos

@MarioMeneses_

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