La Violencia Binacional


“La violencia binacional. La responsabilidad de la y la Policía Federal en una masacre en y otra en Nuevo León”

Presenta Ginger Thompson

14 febrero 2018 | 12:00 | Sala Alfonso Reyes

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México: 10 formas de reducir la violencia


 

México: 10 formas de reducir la violencia

Por David Lee

Marzo 24, 2016

Recomendaciones para reducir los niveles de violencia en México

La violencia en México, durante el 2015, se incrementó respecto del año anterior: la tasas de homicidio se elevaron en al menos un 11%, a pesar de que desde el 2012 habían disminuido de forma consistente. Si bien existen diversos programas de prevención en marcha, es preciso impulsar, de manera urgente, más y mejores acciones que guíen a la ciudadanía para revertir este nueva tendencia que afecta al país.

Diversos especialistas y profesores de la Universidad de Harvard, en este sentido, analizaron más de 1,400 estudios e intervenciones para reducir la violencia, considerando 3 perspectivas fundamentales: 1) basada en los lugares donde ocurre la violencia; 2) observando a las personas violentas; y 3) analizando su comportamiento, considerando su acceso a las armas y su relación con el mundo de las drogas.

Determinaron que las intervenciones más efectivas para reducir la violencia no son tanto aquellas que apuntan a las grandes áreas urbanas o incluso a barrios específicos, sino las que se enfocan en las pequeñas redes de individuos que han incurrido en comportamientos violentos y se han involucrado en hechos de violencia y delictivos.

Resaltaron que es preciso dejar de pensar en eliminar la violencia de los comunidades o de controlar lugares violentos, debiendo reconocer que la violencia está mas bien focalizada en algunas áreas y que es provocada por unas cuantas personas dentro de un grupo.

Con base en ello, los observadores de la problemática consideran importante, a fin de reducir la violencia en México, el atender las siguientes 10 recomendaciones:

  1. Dejar de pensar en la prevención de delitos a través de polígonos.
    Los programas de prevención en el país operan con intervenciones en polígonos geográficos, los cuales son muy grandes para enfocar la violencia comunitaria. Es por esta razón que una visión menos amplia logrará mejores resultados.
  2. Desarrollar capacidades de inteligencia comunitaria.
    La gente en su propia comunidad y las organizaciones no gubernamentales locales, tienen un mejor conocimiento de los lugares, los momentos y los involucrados en la violencia. Su profesionalización permitirá establecer procesos estandarizados para recopilar información, compartirla con las autoridades y combatir, de esta forma, el delito.
  3. Impulsar actividades de enseñanza más que invertir en el espacio público.
    Los programas de intervención comunitaria destinan más recursos en el equipamiento urbano, ya que logran una mayor visibilidad y beneficio político. Invertir, por el contrario, en talleres que desarrollen más habilidades y mejores conductas, son más baratos y efectivos para reducir la violencia.
  4. Aprovechar los programas de la Secretaría de Educación.
    Las intervenciones para prevención de delitos deben aprovechar los programas existentes, en particular aquéllos como Construye T, para lograr mejores resultados.
  5. Otorgar los recursos suficientes a los programas de prevención.
    El presupuesto al programa principal de prevención de delito en México, PRONAPRED, sufrió un recorte presupuestal de un 25% en el último año. Si la prevención del delito es verdaderamente una prioridad, se le debe asignar mayor presupuesto o, al menos, darle consistencia al mismo a lo largo del tiempo.
  6. Emprender la guerra contra las armas, en lugar de contra las drogas.
    Es preciso impulsar políticas para evitar el flujo de armas ilegales que acaben en manos de criminales y tratar el problema de las drogas como un problema de salud, más que de seguridad.
  7. Implementar el Mando Único con una visión local.
    La eventual centralización de mando que se discute actualmente en el país, necesita generar inteligencia local propia a fin de identificar problemas y lograr un mejor combate a la violencia y delincuencia. Un mando único federal, sin el suficiente contacto con las comunidades locales, fracasará en la reducción de la violencia.
  8. Evaluar el impacto con base en evidencia.
    Es preciso que se evalúen a nivel nacional la eficiencia y eficacia de los programas de prevención con base, más allá de estudios internacionales, en evidencia propia para que las evaluaciones de impacto nos permitan conocer lo que funciona y lo que no, a fin de replicar o desechar intervenciones.
  9. Considerar la prevención del delito como parte de la Reforma Judicial.
    El sistema de justicia en México está mayormente orientado a la procuración e impartición de justicia, considerando a la prevención como un apéndice, con programas simples y mal fondeados. El sistema judicial debe considerar a las políticas de prevención y reducción de violencia como un todo, capacitando y adiestrando a la policía para detención pero, asimismo, en prevención.
  10. Olvidarse de las policías comunitarias y de la teoría de las ventanas rotas.
    La policía comunitaria, aunque aumenta la confianza, no reduce necesariamente la violencia, pues no está capacitada para focalizar sus acciones en individuos y comportamientos que promueven la violencia. La teoría de las ventanas rotas, que propone que la policía imponga castigos ejemplares a los comportamientos criminales, por menores que sean, no funciona, pues una policía represora y castigadora es percibida como un intruso y no como un aliado.

Para que tengas una mejor perspectiva de análisis y te logres adentrar en estos temas, considera los siguientes recursos:

1) Video del panel What Works in Reducing Community Violence: Spotlight on Central America and México llevada a cabo en el Woodrow Wilson Center, en Washington, DC. Basado en el estudio realizado por Thomas Abt del Kennedy School of Goverment de la Universidad de Harvard.

2) El estudio What Works in reducing community violence: a meta-review and field study for the northern triangle. Publicado por USAID y preparado por Democracy International, Inc.

3) El artículo 10 Ways to reduce Violence in México de Viridiana Ríos

Fuente: manualdeseguridad.com.mx

Saludos

Mario Meneses

Heridas invisibles: #Niños expuestos a violencia.


 

Educar a los niños de hoy, permitirá contar con adultos de bien el día de mañana

Por David Lee

El fenómeno de la inseguridad ha generado un malestar generalizado en la sociedad que, de acuerdo al nivel de exposición de cada individuo, produce sensaciones y sentimientos distintos en torno a hechos violentos o al miedo de ser afectado o victimizado por vez primera o de forma reiterada.

En ese sentido, cuando un menor resulta afectado de manera directa por un hecho violento, podrían notarse en él heridas visibles, no obstante, un niño puede sufrir “heridas invisibles”por afectaciones emocionales y psicológicas que es preciso aprender a identificar pero, sobre todo, prevenir.

Los niños tienen una percepción distinta a la de los adultos, respecto de un hecho violento y su reacción, que puede ir desde la tristeza, enojo, ansiedad o temor, hasta la indiferencia o incluso manifestarse tiempo después con problemas en su desempeño escolar, sus relaciones interpersonales, al fumar o consumir drogas, así como manifestar malestares físicos, pero que dependen de diversos factores:

  • Lo sucedido.
  • La edad del niño.
  • La sensación o creencia de lo que sucederá después.
  • La cercanía al evento violento.
  • La frecuencia y nivel de violencia al que está o estuvo expuesto.
  • La relación con la víctima y/o el autor de la violencia.

Si bien existen casos que ameritan ayuda profesional, es importante, como padres, el abordar el tema de la violencia con los niños para proteger su salud mental, ya sea que se trate de niños pequeños, en edad escolar o de adolescentes.

Es preciso reconocer que, ante la ola delincuencial y la gran difusión de los acontecimientos que llevan a cabo los medios y ahora las redes sociales, donde los menores se ven expuestos a narraciones, fotografías y videos con un alto contenido de violencia, debemos, como adultos, intervenir a fin de prevenirles mediante 3 acciones fundamentales:

  1. Diálogo.
    Estableciendo una comunicación directa con los niños, dejando en primera instancia que sean ellos quienes manifiesten sus dudas o preocupaciones respecto de algo o alguien y ofreciéndoles apoyo, solidarizándose con sus sentimientos y, más allá de intentar proporcionarles una explicación o justificación de las cosas, que en muchos casos no existe, motivarlos a evitar el ser parte de los generadores de violencia.
  2. Supervisión.
    Supervisando el tipo de programas que los niños ven en la televisión y, en lo posible, limitando la cantidad de tiempo para informarse respecto de algún suceso violento.Asimismo, estableciendo políticas respecto del uso de internet, con horarios definidos, motivándolos a visitar sitios educativos.

    Evitando abandonar a los menores con juegos de videos que promueven la violencia.

  3. Prevención.
    Desarrollando en los menores la cultura de auto protección y fomentando en ellos el gusto por la lectura, el deporte, así como actividades estéticas y, participando de forma activa y constante junto con ellos, en programas de ayuda social y participación ciudadana.

Para conocer más respecto, ponemos a tu disposición la Guía para Familias“Sanemos las heridas invisibles: niños expuestos a violencia”, publicada por la Oficina de Justicia Juvenil y Prevención de la Violencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, donde podrás conocer a detalle las formas de abordar correctamente el tema con los menores.

Además, te recomendamos revisar los consejos de los Capítulos Seguridad para Niños y Seguridad para Adolescentes, del Manual de Seguridad. Recuerda que, en la medida en la que eduquemos adecuadamente a los niños de hoy, podremos contar con jóvenes y adultos de bien el día de mañana.

Fuente: Manual de Seguridad

Saludos

@MarioMeneses_

#DesigualdadSocial y carencia de oportunidades, principales causas del #Narcotráfico y del Crimen en México.


Desigualdad Social en México.

Ciudad de México, 6 de septiembre (SinEmbargo).– La desigualdad social y la carencia de oportunidades económicas son una de las principales causas del narcotráfico, homicidios, violencia y el crimen en general en México, según los resultados de un grupo de investigadores del Banco Mundial.

Por el contrario, la educación, el empleo y aprender de los países desarrollados son las soluciones ante tal problemática, refiere el estudio. De acuerdo con Hernan Winkler, economista y uno de los autores de la investigación, la desigualdad genera una sensación de injusticia entre los mexicanos en desventaja que les lleva a buscar una compensación por otros medios, incluyendo actividades criminales.

Y esa teoría también aplica para varias regiones de América Latina. “Cuanto más escasas sean las oportunidades económicas para los más pobres y mayor sea la brecha de ingreso entre pobres y ricos, los beneficios económicos de crímenes como robos o secuestros –que muchas veces terminan en homicidios- tienden a ser mayores”, refirió. En el estudio, llevado a cabo en 2 mil municipios de México, los expertos encontraron que las localidades con menos desigualdad tienen, en efecto, menos tasas de crimen.  Winkler dijo que también registraron que los municipios con mayor número de crímenes –sobre todo homicidios– fueron donde “los ricos se volvieron más ricos” y no donde se presentó un aumento de porcentaje de pobres. “Lo que nuestras investigaciones para México indican es que una distribución del ingreso más equitativa ha contribuido a mitigar la violencia a nivel municipal”, refirió Hernan Winkler.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) la pobreza afecta a 53 millones de mexicanos. Según datos del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), mientras que el PIB per capita en México es de 8 mil 920 dólares, el ingreso promedio del 20 por ciento de la población rural más pobre es de 456 dólares al año. El estudio del Banco Mundial refiere que la evolución del crimen dependerá no solo de las condiciones socioeconómicas, sino también de otros factores como la efectividad de las estrategias para combatir al narcotráfico y evitar el reclutamiento de jóvenes en actividades ilegales.

Winkler aclaró que los tres órdenes de gobiernos deben seguir promoviendo el crecimiento económico y la implementación de políticas sociales para asistir a los hogares más vulnerables. “Es necesario mantener a los jóvenes en el mercado laboral y reducir los niveles de deserción escolar en la educación secundaria en algunos países para evitar que los adolescentes corran el riesgo de involucrarse en actividades delictivas.

También es útil aprender de la experiencia de los países desarrollados. Si bien no se ha podido identificar cual ha sido el factor más importante para explicar la caída del crimen, el uso de nuevas tecnologías por parte de las fuerzas de seguridad parece haber reducido significativamente la violencia en algunas grandes ciudades”, dijo. En febrero, el Banco Mundial publicó un análisis donde indica que en México no sólo persiste la pobreza sino que ha crecido la desigualdad. “Entre los países que destacan en la contribución a este estancamiento está México, donde incluso entre 2010 y 2012 hubo un alza en la desigualdad”, dijo George Gray Molina, economista senior para América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/06-09-2014/1109825. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

Saludos

@MarioMeneses_

Ciudadanos, clave para la seguridad.


 ¿Existe plan eficaz para mejorar la seguridad? (I)

Por Vidal Romero  @vidalromero_
Mayo 06, 2014   3 Comentarios

Vidal Romero es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Stanford. Es profesor-investigador del ITAM y actualmente es profesor visitante del Center on Democracy, Development, and the Rule of Law de la Universidad de Stanford.

Conforme pasan los meses y los años que hemos vivido con alta incidencia de crimen y violencia en México, el debate sobre el tema de seguridad afortunadamente transita del diagnóstico y la queja hacia la discusión de posibles soluciones.

Desde el gobierno y desde la oposición no se ha presentado un plan que establezca de forma concreta y clara los objetivos de los distintos niveles de gobierno, cómo específicamente ayudará la sociedad a lograr dichos objetivos, y financieramente cuánto nos costará. Lo que existe es una multitud inmanejable de planes, acciones, fondos y buenos deseos. Las soluciones más eficaces son probablemente más sencillas que todo lo que actualmente tenemos.

El problema de inseguridad no es nuevo en México ni en el mundo. Existe por ello conocimiento acumulado sobre lo que potencialmente funciona y lo que no. Hay un amplio menú de opciones, algunas más viables que otras, algunas que imitan lo que se ha realizado en otros lugares y otras que innovan.

Sabemos que no existe una variable única que al modificarse, vaya a resolver en el corto plazo la inseguridad. Hay muchos tipos de inseguridad que varían en función de las condiciones de cada sociedad: desarrollo, geografía, instituciones, entre otras.

Para discutir seriamente soluciones efectivas, habría que amablemente ignorar soluciones como “acabar con la pobreza” o “mejorar la educación”. Éstas son obviamente deseables, y existe evidencia de que menos pobreza y mejor educación reducen el crimen; pero son inviables, al menos en el corto plazo. Y son temas que de todas formas el Estado debe atender. Si solucionamos el problema de la pobreza y de la educación para llegar al nivel de países desarrollados, mejorará no sólo la seguridad, sino todo lo imaginable en el país, quizá hasta ganemos el mundial de futbol.

Van aquí dos puntos iniciales a considerar para diseñar políticas que reduzcan la inseguridad a niveles satisfactorios:

1. El punto de inicio de los tomadores de decisiones y de los ciudadanos debe ser que no es posible “acabar con el crimen”. El costo marginal de combatir al crimen es constante o creciente y los beneficios decreciente; esto, resulta altamente ineficiente, y probablemente inviable dada la escasez de recursos, llevar la incidencia del crimen a cero. Siguiendo la lógica del recién fallecido Gary Becker, dados recursos escasos, la pregunta clave es: ¿cuánto crimen de cada tipo estamos dispuestos a soportar?

Esto implica que el tomador de decisiones debe elegir qué delitos y qué delincuentes combatir. Por deseable que sea, no es posible combatir todos los delitos y a todos los criminales simultáneamente.

Dado que no es viable eliminar por completo al crimen, la mejor inversión es aquella que minimiza los efectos nocivos del crimen para la sociedad.

Primero, la política de seguridad debe enfocarse a los delitos violentos. Este es un punto repetido sistemáticamente, pero que no ha terminado de materializarse en el énfasis y eficacia de las acciones de gobierno.

Y, segundo, la política debe reducir la percepción de miedo de los ciudadanos. El costo en estrés y en medidas “excesivas” de seguridad es inmenso en sociedades que enfrentan olas de crimen. La difusión de la información sobre acciones e incidencia de delitos es fundamental.

2. No se debe dejar sólo en manos del gobierno la decisión sobre qué políticas aplicar y, especialmente su implementación. Las políticas de seguridad exitosas requieren continuidad en el tiempo; el gobierno es especialmente deficiente para la continuidad. Son las propias comunidades—es decir, los interesados—quienes mejores incentivos tienen para continuar programas que mejoren su entorno.

De igual forma, la comunidad es la mejor equipada para intervenir en esfuerzos para reintegrar a los criminales o vacunar a aquellos individuos en riesgo contra las actividades de delincuencia, ya que en ambas se requiere confianza. El gobierno es usualmente un actor poco confiable para muchos ciudadanos.

Finalmente, la innovación es fundamental para solucionar el problema. El conocimiento local es muy importante para generar soluciones efectivas.

Sobre estas líneas es posible encontrar aplicaciones de cada punto que han sido ya aplicadas en casos específicos y pensar en potenciales innovaciones, las cuales incrementalmente mejorarán el problema de inseguridad. En entregas posteriores abundaré sobre cada punto.

Dos puntos para mejorar la seguridad (II)

En esta segunda entrega continúo con puntos específicos para mejorar la seguridad, analizando los temas que debiera explícitamente privilegiar la estrategia de seguridad.

Me enfoco ahora en los criterios de selección de crímenes prioritarios que debiera seguir una estrategia de combate a la inseguridad.

El Estado no tiene recursos para prevenir y atender todos los crímenes. De hecho, económicamente sería muy ineficiente bajo una gran cantidad de circunstancias intentar hacerlo: todo constante, el costo marginal de prevenir y atender cada crimen es constante o incluso creciente, por ejemplo, cuesta igual o más caro reducir la incidencia de robos de 20 a 10, que reducirla de 1,000 a 990.

Si quisiéramos reducir literalmente a cero la incidencia de homicidios, requeriríamos información de inteligencia perfecta sobre los movimientos minuto a minuto de todos los potenciales homicidas, y vigilancia en cada centímetro del territorio nacional. Esto suena obviamente poco viable, y aún si fuese viable, los costos serían inmensos, y el costo de oportunidad de no invertir estos recursos en otras cuestiones, por ejemplo combate a la pobreza, lo hace también inviable. Y esto aplica para robos, extorsiones, y cualquier otro crimen.

Así, tenemos que elegir qué sí hacer y qué no. Dados recursos escasos, el objetivo general de una estrategia de seguridad que maximiza el bienestar del agregado social es minimizar la incidencia de crímenes que peores efectos tienen en los ciudadanos. Esto es, no necesariamente son los crímenes que implican más recursos económicos, o los que acaparan las primeras planas de los diarios.

Hay dos categorías de crímenes que califican como “peores” para la sociedad: aquellos que consideran el uso de la violencia y aquellos que atemorizan a la población llevando el miedo a niveles ineficientes.

Sobre la primera categoría, el Estado debe crear los incentivos adecuados para que las actividades criminales eviten la violencia que afecta a los ciudadanos. El uso del poder coercitivo del Estado debe usarse selectivamente en contra de los criminales que hagan uso de la violencia. Crímenes como el secuestro y el robo que daña físicamente a las víctimas debieran estar en el primer lugar de inversión de recursos de la autoridad.

Esta política debe ser explícita y publicitada para generar el efecto adecuado en los criminales, quienes al ver incrementado el costo de cometer ciertos delitos pueden ser persuadidos a cambiar sus actividades a delitos no-violentos o, en el mejor de los casos, a actividades lícitas.

De igual forma, el Estado debiera perseguir con mayor énfasis a aquellas organizaciones criminales más propensas a usar la violencia, ya sea contra otras organizaciones criminales, contra el Estado o contra la sociedad. De esta forma, envía el mensaje a los grupos criminales sobre qué tipos de comportamiento son “aceptables” y cuáles no.

Suponemos que una organización criminal racional adaptará su comportamiento para sobrevivir. Y si las organizaciones no se adaptan y si la política del Estado es consistente en el tiempo y es efectiva, entonces sólo sobrevivirán las organizaciones que menos utilicen la violencia. Esta debiera ser una meta básica de todo programa de mejora de la seguridad.

Nótese que estos puntos no requieren más presupuesto ni más burocracia de la existente, sólo requieren focalizar los recursos y esfuerzos a cuestiones específicas. El esbozar políticas con una multitud de puntos que en el papel buscan solucionar todo —por ejemplo, desde reducir la incidencia de todos los crímenes y hasta mejorar la situación económica de una región— terminan no resolviendo nada por la dispersión de recursos.

Si bien pareciera, en principio, poco atractivo políticamente el no prometer que se resolverá todo, habría que pensar que es aún menos rentable el anunciar que todo se resolverá y no resolver nada.

En la siguiente entrega, la tercera de cuatro, trataré el tema de la segunda categoría de efectos nocivos de la inseguridad: el miedo a ser víctima de un delito.

Ciudadanos, clave para mejorar la seguridad (III)

Ésta es la tercera entrega sobre puntos específicos para mejorar la seguridad. Discuto aquí algunos casos para comprender el grado de involucramiento del gobierno en las intervenciones para mejorar la seguridad.

Si bien en primera instancia es el gobierno a quien primero se culpa cuando las cosas van mal en seguridad pública, y también de quien se espera que ofrezca soluciones, existen varias circunstancias en las que es deseable que el gobierno no intervenga directamente. Muchas veces la intervención estatal, incluso en asuntos de seguridad, genera más costos que beneficios.

En el caso de políticas de recuperación de espacios públicos –las que son fundamentales para reducir el crimen– la participación de los ciudadanos es vital para que sean soluciones sustentables en el tiempo. El Estado no es el mejor equipado para la continuidad de políticas públicas.

Existen programas, en la lógica de la teoría de ventanas rotas que, con distintas variantes, ya se han instaurado en distintas localidades y que generan los incentivos adecuados para que sean los particulares quienes mantengan el entorno público en buenas condiciones, reduciendo la probabilidad de incidencia criminal.

Un buen caso es la concesión de bajo-puentes a negocios en donde la renta del espacio público es muy reducida o nula, y, a cambio, la empresa se compromete a mantener en buen estado el espacio. El empresario tiene suficientes incentivos para cumplir con su parte del acuerdo: la baja renta y la atracción de clientela gracias a las buenas condiciones del entorno. Gana la empresa y la sociedad con el espacio recuperado y con el cual el gobierno no gasta un solo peso de nuestros impuestos, e incluso puede tener ingresos.

Otro caso positivo es el de conservación de espacios públicos con participación de empresas privadas y de los vecinos.

El gobierno concesiona un espacio en el parque o unidad deportiva para que se instale en exclusiva alguna empresa –por ejemplo, un café, un restaurante, o una tienda de conveniencia. La renta es baja, comparada con el precio del mercado o nula. A cambio, la empresa se obliga a mantener en buen estado el espacio público.

Es posible, incluso, incluir en las condiciones que a quienes contrate la empresa para las labores de mantenimiento sean vecinos del espacio público, quienes tendrán más incentivos para conservar el espacio público en buenas condiciones y recibirán un salario. En este caso, también el gasto del gobierno es cero y ganan empresarios y la comunidad.

En distintas intervenciones en las favelas de Río de Janeiro, Brasil, se ha promovido el entrenamiento y créditos blandos a microempresarios para que instalen o mejoren sus empresas –por ejemplo, tiendas de abarrotes, estéticas, e incluso hoteles.

Además del potencial efecto directo de mejorar la economía local, la instalación de negocios genera incentivos para que los dueños y empleados mejoren el entorno comunitario.

Éstos son programas que ilustran soluciones en las que el Estado sólo regula y apoya indirectamente, pero no interviene directamente en la solución como tal. Los incentivos de empresarios y de la comunidad hacen sostenible la solución en el largo plazo. Y no hay gasto público ni creación de nuevas burocracias.

Por construcción, el gobierno en un sistema democrático está mal equipado para darle continuidad a las políticas públicas.

Se requiere que existan individuos o grupos suficientemente interesados en que los programas continúen, y con fuerza suficiente para inducir al gobierno a mantenerlos. Este efecto es el que genera el interés de empresarios en la ganancia económica y de los ciudadanos en la mejora de su entorno.

Estos actores se involucran por interés propio, y no por algo abstracto como el “beneficio social”. Esto es lo que hace sostenibles este tipo de programas. Y lo hace, además, sin cargo a nuestros impuestos.

Estaremos pendientes para continuar la IV parte de estas publicaciones.

Saludos

@MarioMeneses_

Unidos Hacemos la Diferencia


 

¡Bienvenidos a Unidos Hacemos la Diferencia! Unidos Hacemos la Diferencia, es el sitio web de la Comisión Unidos Vs Trata que busca ser un observatorio del fenómeno de la trata de personas en México.

Proporciona documentación y comunicados de los avances y actividades sobre la trata de personas, así como videos de ayuda para entender el fenómeno y las noticias diarias sobre la trata de personas. Defender la ley, a víctimas y a sobrevivientes es tarea de todos. NoalretrocesodeLeyVS.Trata.

Conoce la actual ley en la opinión de expertos en derechos humanos y fiscales involucrados contra el delito de trata de personas. ¡No demos marcha atrás!. Utiliza HT #Noalretrocesoleyvstrata 01800-5533-000 es el número del call center VS. trata, comparte la información y promueve la denuncia. ¡Unidos hacemos la diferencia!

Tu denuncia es importante

Tu denuncia es fundamental para terminar con este delito que viola todos los derechos humanos.

Para atención personalizada, tu denuncia es anónima al 01800-5533-000

Puedes usar también un formulario en el sitio y daremos seguimiento a tu denuncia.

Rosi Orozco es la Presidenta de la Comisión Unidos vs Trata.

Fuente: http://unidoshacemosladiferencia.com/

Pandillas en el Siglo XXI.


UNA APROXIMACIÓN AL TEMA DE LAS PANDILLAS.

La aproximación de los medios de comunicación al fenómeno de las pandillas ha registrado en la ultima década un enfoque vinculado a la inseguridad y el crimen, lo que representa un estigma para el estudio y entendimiento amplio de un tema tan complejo y profundo.

Es probable que dicho tratamiento este motivado por la valoración de los actos de primera mano que son observables en las pandillas, sin escrutar con mayor profundidad los motivos o el contexto que llevan a los jóvenes a usar la violencia como un código social, y la delincuencia como instrumento para su propia sobrevivencia. Hechos que plantean un problema central en el que el desconocimiento sobre las pandillas motiva temor, marginación y un estigma social que ubica a sus integrantes en un dilema entre la exclusión y la violencia.

Sin embargo, pereciera que la violencia es el distintivo del fenómeno de las pandillas, sin considerar que los casos que cobran mayor relevancia ante la opinión publica no suceden sin razón alguna. Tales crímenes obedecen a una concentración sistemática de abusos, adicciones, violencia familiar y de genero, que obliga a los jóvenes o niños de entre ocho y doce años a buscar en las pandillas una familia alternativa como destino de vida, lo que permite canalizar sus frustraciones, exorcizar sus miedos y construirse a si mismos una identidad individual y colectiva.

Por eso, tratar el asunto de las pandillas obliga a revisar temas de juventud, identidad, violencia, familia y autoridades en materia de desarrollo social y de seguridad. Estos elementos forman un mosaico que permite abordar el fenómeno de las pandillas, su concepto, sus implicaciones, alternativas y fronteras frente al contexto social que se vive actualmente, donde la sociedad después de ignorarlas les teme y las sanciona con todos los instrumentos a su alcance, motivando una desconexión que replica de manera permanente el fenómeno.

La revisión de este tema tiene la finalidad de contribuir a la conceptualización de las pandillas, tomando en cuenta la realidad de estas organizaciones y su manifestación en el caso mexicano, haciendo a un lado el estigma de violencia con el que se ha marcado.

Ademas, a través de este estudio se busca aportar componentes para la comprensión integral y estructural (causa y efecto) del fenómeno, que permite articular, desde el punto de vista social, el diseño de políticas publicas dirigidas al tratamiento y atención de estos grupos.

En México, los medios de comunicación han dado cuenta de la presencia de las pandillas en todo el país, tema que registra ciclos mediáticos ubicados en el centro, sur y norte del territorio nacional.

En 1978 se formo la agrupación denominada Los Panchitos en la Ciudad de México, especialmente en las colonias de las delegaciones Álvaro Obregón, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo. Los Panchitos se volvieron uno de los primeros referentes de juventud y violencia asociados con marginilidad que los medios de comunicación transmitieron a la sociedad. 25 años después, en 2003, las pandillas volvieron a llamar la atención, esta vez en la frontera sur, con las Maras, en su vertiente MS 13 y Barrio 18 que, como sucedió anteriormente, se asociaron con violencia y juventud, excluyendo sus causas sociales, sus antecedentes y generando una falta de profundidad sobre las razones que orillaban a jóvenes de distintos países a formar parte de una agrupación con estas características.

Para 2007, una vez mas los pandilleros capturaron la atención de al opinión publica; en esta ocasión en la frontera norte de Ciudad Juárez, Chihuahua, cuando se les asocio con dos organizaciones de narcotráfico que se enfrentaban en este municipio: las pandillas de los Artistas, Asesinos y Aztecas.

El presente capitulo busca modificar el paradigma y al percepción acerca de las pandillas, y propone considerar a sus integrantes como victimas y victimarios. Son victimas por su propia historia personal, ya que la violencia intrafamiliar y las privaciones económicas los orillaron a buscar una alternativa de vida. Son victimarios porque ejercen la violencia en contra de sus rivales, o incluso de ellos mismos para integrarse y mantenerse en este modelo de organización.

Esta característica los define en un ciclo de violencia complejo y poco estudiado que requiere ser analizado a profundidad con el fin de proponer alternativas de seguimiento y atención.

Descarga de libro:  

Saludos

@MarioMeneses_